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PHILIPPINE SUPREME COURT DECISIONS

FIRST DIVISION

[G.R. No. L-592. March 2, 1949. ]

EL PUEBLO DE FILIPINAS, querellante y apelado, contra CARLOS DAYRIT, acusado y apelante.

D. Cristino de Mesa en representacion del apelante.

El Procurador General Auxiliar Sr. Carmelino G. Alvendia y el Procurador Sr. Felix V. Makasiar en representacion del Gobierno.

SYLLABUS


1. DERECHO PENAL; TRAICION; OBEDIENCIA A LA ORDEN DEL SUPERIOR COMO DEFENSA; CASO DE AUTOS. — Un capitan de la constabularia no estaba autorizado para ordenar la ejecucion de un guerrillero, bajo las leyes y ordenanzas entonces vigentes. La orden dada al acusado. — si en realidad la recibio — no era legal.

2. ID.; ID.; DEFENSA INCREIBLE. — Los actos de crueldad ejecutados con osadia por el acusado en arrestar, torturar y matar son incompatibles con su defensa de que era leal al gobierno del Commonwealth y que era miembro de la guerrilla; al contrario, demuestran su incondicional adhesion a la campaña de exterminio de las guerrillas emprendida por los japoneses.


D E C I S I O N


PABLO, M. :


En una noche del mes de Junio de 1944, el acusado y unos nueve soldados de la constabularia, todos armados con rifles y revolver, ordenaron bajo amenaza a Francisco Santos en su casa en el barrio de San Jose del municipio de San Fernando, Pampanga, que bajase, y apenas ponia los pies en tierra le arrestaron porque era organizador de guerrilla. Le ataron las dos manos en su espalda y los pies. Despues de amarrado, el acusado le dio puñetazos en el abdomen, preguntandole si alguien le conocia en la vecindad. Francisco Santos le dijo que un vecino suyo le conocia, y es Juanito Santos. Le ordenaron que le despertase. Al llegar en tierra Juanito, le preguntaron si es verdad que conocia a Francisco. Y cuando dijo que si, pero que no era guerrilla, le maltrataron por no haber dado cuenta a la constabularia de las actividades de Francisco. El acusado pego varias veces a Francisco con una pieza de caña del tamaño de su brazo, obligandole a admitir que era organizador de hukbalahaps, y todo fue inutil. Cuando iban en direccion al pueblo de San Fernando, el acusado ordeno a Francisco que echara a correr — tal vez con la idea preconcebida de pegarle un tiro — pero este no quiso, entonces le dio un puntapie por el cual cayo al suelo. El acusado piso su cabeza. Al llegar al pueblo le metieron en el calabozo en donde estuvo por tres dias bajo continuos maltratos por no querer admitir que era organizador de guerrillas. Cansado ya de tantas torturas, se allano a firmar una declaracion en que el admitio que tenia conexion con los hukbalahaps y que les habia proporcionado alimento. Despues de firmar la declaracion, a propuesta de Menciong Yengco, le dejaron libre; pero que fuera antes a la casa municipal para estrechar la mano del acusado. Si este no gozaba de marcada influencia en la jefatura de la guarnicion japonesa en San Fernando por su adhesion, no le hubieran concedido sus compañeros torturadores los honores de una visita de un preso maltratado. Y
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